3 mitos sobre la hidratación que no sabías que lo eran

Entre los mitos sobre la hidratación más conocidos. tomar ocho vasos de agua al día no significa que estés evitando la deshidratación de manera correcta.

Casi todas las funciones corporales, desde el sueño hasta el rendimiento del ejercicio, se ven directamente afectadas por tus niveles de hidratación.

Además de los beneficios ya mencionados, mantenerse bien hidratado contribuye a otros factores vitales, como mantener una presión arterial óptima, promover la salud de los riñones y ayudar a la pérdida de grasa.

3 mitos sobre la hidratación que no sabías que lo eran

El cuerpo humano está compuesto por casi un 60% de agua, por lo que es lógico que sin una hidratación adecuada no podamos funcionar, y mucho menos destacar en nuestro rendimiento.

Pero mantenerse hidratado es algo más complejo que limitarse a tomar un vaso de agua cada vez que se tiene sed. Tu salud general y tu aspecto frente al espejo pueden verse afectados si te desvías de un régimen de hidratación adecuado.

¿Qué implica eso? Si lo buscas en Google, te encontrarás con información errónea en Internet que se ha colado en las conversaciones cotidianas y que se acepta como ciencia. Alerta de spoiler: mucho de lo que leerás en la red, aparte de este artículo, es pura ficción.

Por suerte para ti, hemos decidido jugar a los Cazadores de Mitos por un día. Abre una botella de agua y descubre la verdad sobre la hidratación.

1. Hay que beber 8 vasos de agua al día

Todos hemos escuchado esta regla desde muy pequeños: todos debemos beber ocho vasos de agua al día. Todavía puede parecer un buen punto de partida, pero al igual que la arcaica escala del IMC (o Índice de Masa Corporal) esta regla de los ocho vasos ha demostrado ser anticuada e irrelevante en el siglo XXI.

Hoy en día, los expertos sugieren beber como mínimo 2,8 litros para las mujeres y 3,7 litros para los hombres. Para los más activos, algunos aconsejan aumentar la ingesta a 0,03 litros de agua por cada kilo de peso corporal.

Tiene sentido, sobre todo si estás en el gimnasio haciendo repeticiones y quemando calorías. El Colegio Americano de Medicina del Deporte recomienda beber unos 0,6 litros antes del ejercicio, 0,3 litros cada 15 minutos de ejercicio -1,2 litros para un entrenamiento de una hora- y terminar con unos 0,9 litros finales. En resumen: beber 2 litros de agua al día es un buen comienzo, pero tu cuerpo necesita más. Así que bebe.

2. El agua es tu única fuente para mantenerte hidratado

Este es uno de los mitos sobre la hidratación más clásico. No olvides que hay otras formas de mantenerte hidratado que quizás no estés contando. Las bebidas deportivas, con alto contenido en electrolitos, también contribuyen a mantenerse hidratado y son útiles durante las actuaciones deportivas.

Pero tampoco te limites a las bebidas: muchas frutas y verduras contienen altos porcentajes de agua, lo que las convierte en grandes fuentes de hidratación. Como punto de partida, los CDC recomiendan a los adultos comer al menos de 1½ a 2 tazas de fruta y de 2 a 3 tazas de verdura cada día.

Por ejemplo, la lechuga. Una porción de tres onzas de lechuga contiene aproximadamente tres onzas de agua. Las fresas, por su parte, contienen hasta 5,3 onzas de agua. Por lo tanto, si tus papilas gustativas son capaces de aceptar esta extraña combinación, una ensalada de fresas y lechuga puede equivaler a un vaso de agua de ocho onzas.

Además de la lechuga y las fresas, otros alimentos que contienen una alta concentración de agua son las frutas a base de melón, como el melón y la sandía, y las verduras verdes, como el apio, el pepino, el brócoli y las espinacas. Otros alimentos como las zanahorias y los tomates también son ricos en agua.

3. Reduce agua para bajar de peso. Mitos sobre la hidratación.

Por muchas evidencias que presentemos sobre los beneficios de la hidratación, hay quienes piensan que reduciendo o eliminando el agua pueden reducir su peso y sacar sus abdominales.

Sin embargo, los expertos afirman que la deshidratación intencionada puede, de hecho, hacer que tu six-pack se vea más blando, debido a que tu cuerpo retiene más sodio de lo que normalmente haría.

Limitar la ingesta de agua y líquidos está muy desaconsejado cuando se trata de perder peso. Si se hace durante demasiado tiempo, el cuerpo se aferrará al agua en un intento de compensar la falta de líquidos que está recibiendo, lo que eventualmente puede conducir a una quema de grasa más lenta. A partir de ahí, los problemas pueden aumentar, desde dolencias renales y hepáticas que pueden provocar estreñimiento o una acumulación abundante de toxinas en el cuerpo.

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